Al principio el apetito se desploma y es fácil comer de menos sin darse cuenta. Dos cosas ayudan desde ya:
Empieza por la proteína. Si el hambre se va a mitad del plato, al menos ya habrás comido lo que ayuda a conservar el músculo.
Bebe agua a lo largo del día aunque no tengas sed. La pluma reduce la sensación de sed, así que puedes deshidratarte sin notarlo. Ve bebiendo entre comidas, no junto con ellas (líquidos en el estómago lleno empeoran las náuseas).
Porciones más pequeñas y más frecuentes suelen caer mejor que un plato grande de una sola vez.
Esta información es para que entiendas lo que estás viviendo; no reemplaza a tu médico. Quien ajusta la pluma, la dosis y la conducta es él.
Basado en: orientaciones nutricionales de Mayo Clinic para quienes usan agonistas de GLP-1.